sábado, 27 de agosto de 2011

EL BANCO DE TRES PATAS, CON “S”






La esquela mortuoria anunciaba en forma más bien modesta, el fallecimiento del mayor Franchesco Saldaña, en donde de manera estereotipada sus deudos invitaban a acompañar sus restos a las “Capillas Memorosas”, lugar de moda y donde se reunían las más variadas existencias en acontecimientos titulares como el de la entrega del equipo temporal a un conocido o querido.

En la intimidad de la familia, el suceso era además de esperado, una satisfacción y agradable noticia, pues el caballero había sido en los últimos años una verdadera tragedia para la esposa e hijos.

Se rumoraban los problemas alcohólicos y las pesadillas que acompañaban la vida del mayor y que las continuas hospitalizaciones al centro siquiátrico del hospital militar eran cotidianas y frecuentes.

Después de haber causado una baja poco honorable, había tratado de organizar un negocio propio, pero el alcoholismo no había dejado prosperar la empresa y básicamente el sustento de la familia era obtenido por la pensión vitalicia de que gozaba por su rango militar y el trabajo de secretaria que había conseguido su esposa.

Conforme pasaban los años, después de tratar de organizar otra empresa en el ramo de seguridad; las pesadillas y el insomnio se fueron haciendo constantes, todas las noches se despertaba gritando que lo perseguían y acosaban, grupos de jóvenes hombres y mujeres vestidos de morado, algunos con las cabezas manchadas de sangre, gritándole “dame mi vida!!, dame mi vida!!”

Entonces se refugiaba en la bebida, hasta que desarrolló paralela a las pesadillas e insomnio, la hepatitis cirrótica, la que finalmente lo mataría.

No obstante, en sus momentos de lucidez recordaba, su glorioso pasado por el ejército y las hazañas en los combates con las fuerzas contrarias, que según su opinión llegaron a temerle, por la forma aguerrida y valiente aunque poco ortodoxa de su manera de combatir.

Una corte marcial le dió de baja por haber asesinado a personal civil, en unas obscuras circunstancias…

Paquito Salcedo
Este hueputa es listo!, decía con orgullo, don paco, el papá de Paquito, cuando veía que el cipote, era diestro y rápido para hacer las tareas que se le encomendaban.

Esta capacidad contrastaba con la costumbre y conducta de otros jóvenes, la cual, se ha hecho parte cultural del país, que se podría resumir como la aplicación de la ley del menor esfuerzo, en todos los actos de la vida, en donde la iniciativa es castrada por la comodidad y la vida sin complicaciones, manifiesta en la pereza de actuar y pensar.

Y así van creciendo los jóvenes que se acompañan con otras jóvenes y reproducen el mismo sistema caracterizado por la inmovilidad, el conformismo y la aceptación sin cambio del destino inexorable y cruel. Esta reproducción del sistema de acoplamiento es estimulado por los grandes terratenientes y finqueros pues eso les asegura una mano de obra barata para las temporadas de corta de café, caña o para los trabajos temporales de mantenimiento de las grandes propiedades, además de fuente inagotable del servicio doméstico en las casas del rico.

Generación tras generación el sistema se reproduce y se va renovando con la caterva de cipotes que crecen y se reproducen, viviendo de forma miserable en donde la pobreza y la tragedia son cotidianas e inunda todos los aspectos de sus vidas y sus familias.

Paquito siempre demostró una habilidad para lo novedoso, era el primero en participar en las actividades del grado que la escuelita rural cantonal, organizaba las actividades de grupo, era el preferido de las maestras y siempre ganó el premio por espíritu de servicio, tal como se acostumbraba en esos tiempos.

En cierto modo la vida sedentaria y monótona del cantón le quedaba pequeña y en su interior siempre soñaba con conocer el mundo, viajar, compartir con otra gente y disfrutar de lo que su natural inquietud le demandaba.

Cumplía los diez y ocho años, cuando al cantón empezó a aparecer un grupo de jóvenes, dirigidos por un sacerdote, los cuales visitaban las casas y entregaban un folletito y estimulaban a la lectura de la biblia y el mensaje del señor Jesucristo, luego se supo que a éstos les llamaban :Catequistas.

Estos muchachos guiados por el cura, empezaron a reunirse en las casas del cantón, enseñando, las buenas nuevas del Reino de Dios, con dinámicas muy novedosas y agradables, cohesionaban las diferentes personalidades de los jóvenes, mujeres y hombres y les aclaraban, conceptos teológicos complejos como:
El Reino de dios en la tierra, la justicia, la máxima cristiana “no hagas a otro lo que no quieras para ti”, el amor de Dios a toda su creación y sobretodo la denuncia del pecado social.

Además instruían acerca de la igualdad Género, igualdad de los hombres mujeres ante la ley, protección a la niñez y a la vejez, valores como la humildad, la solidaridad, “los primeros serán los últimos” , “cuando oren no sean como los fariseos sino en la intimidad”, el cuidado del medio ambiente como la casa de Dios y otros conceptos muy adecuados y certeros a las circunstancias y apegados a lo que se llamó La teología de la Liberación, que un grupo de curas había adoptado como doctrina y estaban empeñado y convencidos de propagar entre la población, con el objetivo de cambiar las condiciones de vida de los pobres.

Conforme pasaron las semanas y los meses las enseñanzas fueron requiriendo de mayor compromiso y algunos jóvenes del cantón fueron incorporados en actividades de denuncia y protesta contra autoridades y terratenientes y así Paquito, por su natural espíritu de servicio participó en manifestaciones, marchas y protestas en la capital, convencido que estas acciones ayudarían a cambiar el actual estado de las cosas, es decir disminuir la pobreza y mejorar la justicia.

La guerra civil, se precipitó y la sociedad se vio sacudida por todo tipo de violencia,

Ese día un Operativo militar, se estaba desarrollando en el cantón de Paquito: los helicópteros inundaban el cielo, las aves revoloteaban asustadas y poco a poco fueron apareciendo tropas de élite, que en forma profesional fueron rodeando las casas de los alrededores.

La gente asustada no hallaba que hacer y esperaron preocupados y pacientes el resultado de tan inesperado suceso. Cuando se fueron acercando los vecinos vieron al grupo de soldados pintados de las caras en actitud nerviosa y agitada, que con sus gritos cortos y eficaces inundaban el plácido silencio de la aldea.

Separación de los jóvenes

Comandados por el capitán Saldaña, éste era un joven entregado a la milicia, procedía de la clase media urbana y tenía grandes ambiciones, sueños de pompa y grandeza, había recibido cursos especializados en contrainsurgencia en el extranjero y era de los subalternos de un famoso coronel que la guerrilla apodaba “Trompa de Cuche”, este joven fuè un excelente atleta en la escuela militar y por su antigüedad ganada por su rendimiento teórico y práctico fue destacado al batallón especial de contrainsurgencia, siendo uno de los preferidos del susodicho y legendario coronel.
Al tener reunidos a los jóvenes del cantón y siguiendo a cabalidad y precisión el “Manual de tratamiento de personas civiles que han tenido contactos con fuerzas guerrilleras”, página 93, numeral 6.

Procedió con el discurso del caso en donde se les estimula y advierte de lo peligroso y negativo que es escuchar esas gentes que le inculcan el comunismo, se hace uso de la exhortación en base a los sagrados principios patrios, de la conveniencia de respetar lo autóctono y desechar ideas extrañas que con sus voceros agreden al nacionalismo, la tierra de nuestros padres y abuelos, poniendo ejemplos de la separación de la familia, el destino final y jabonoso de los ancianos y otros conceptos que con la ayuda de los medios de comunicación afines a este pensamiento habían logrado penetrar en el colectivo de la población.

Y por otra parte la exaltación de la gloriosa fuerza armada llamada por mandato del divino a proteger al pueblo contra la agresión extranjera y diabólica del comunismo, personificado en los catequistas y curas poseídos por el espíritus inmundos que trastocando las sagradas escrituras, tratan de dividir y alterar las leyes y tradicionales de convivencia del pueblo, de la familia y de Dios….

En ese contexto y con esas consignas, el capitán procedió a dilucidar a los líderes de aquellos jóvenes, presentándoles la oportunidad que la fuerza armada ofrecía y podría conceder a los patriotas y los que quisieran hacer carrera militar para servir a su país, aquellos que tuvieran iniciativa de progreso, que quisieran conocer el mundo en su amplitud.

Se debía de dibujar un mundo lleno de oportunidades, de viajes, de heroísmo, de la posibilidad de convertirse en un verdadero apóstol del bien y de nuestros símbolos patrios.

A la pregunta de ¿quién quisiera incorporarse o tuviera deseos de pertenecer a los honrosos cuerpos de la milicia, a la gloriosa fuerza armada?

Paquito, levantó la mano, a lo que simultáneamente fue abrazado por Saldaña y les dijo al grupo:

- He aquí!, un valiente, un joven que ha comprendido que el servicio a la patria es más importante que la propia vida, un joven que piensa por su pueblo, que vislumbre un futuro, un héroe!

Si hombre, venite, le dijo en tono amistoso el sargento del pelotón de apellido Salgado, ya mi capitán me dijo que platicáramos para ver como te incorporas al batallón, te gustaría ser paracaidista, verdad?, a lo que Paco entusiasmado le respondió afirmativamente.

- Vas a ver que la vas a pasar vergon!!, date vuelta y sentate ahí, le dijo… Paco no dejó de extrañarse, cuando oyó, que el sargento desenfundó la browning y chasqueó el carro. En segundos, el sargento disparó certeramente en la cabeza de paco……

El capitán después de oír el disparo, y a la señal de misión cumplida del sargento, quitándose la boina, sentándose en una banca improvisada de madera, apoyado en su fusil y con gesto de congoja, moviendo la cabeza, les dijo a los muchachos:

-Ya ven lo que les pasa a los que se dejan enfermar de comunismo, por eso les advierto no se metan…… y prosiguió con las advertencias, amenazas y argumentaciones, siguiendo el manual que tenia memorizado.

Chico Salgado
Fue de los primeros en memorizar todos los ejercicios de la Gimnasia americana con arma, y le encantaba dirigir la cadencia y práctica, frente a la primera sección de infantería del Batallón de la 2ª.brigada de la ciudad capital donde había sido trasladado después de su instrucción básica de recluta en Sonsonate.

Gozaba, practicando las interminables flexiones de piernas, el sapito, la rana chacha, y otros ejercicios, durante el chicharrón, nombre que se le daba a la práctica constante de éstos.
Uso y artillería con mortero 81mm, 120mm. Obús 105, fortificación de campaña, comando y señales, Operador de radio, Central de tiro, Armamento.
De joven había sido muy activo y enérgico, tanto que al cumplir los dieciocho se presentó voluntariamente a prestar el servicio militar.
Su destacado desempeño como clase, hizo que fuera trasladado al batallón especial de contrainsurgencia, donde participó en toda clase de operativos, siendo destacado su accionar y con los años nombrado Sargento de la compañía.
Con mucho esfuerzo y estudio logró obtener el grado de subteniente y fue trasladado al Batallón Cuervo de la Policía de Hacienda, donde integro y participo en operaciones de inteligencia y especial en la lucha contra la insurgencia urbana.
Luego se casó y ascendió al grado de Teniente efectivo.
A tres años de finalizar la guerra civil, los operativos se hacia más espaciados, pues, se estaban gestando otras campañas en los escritorios de lujosos hoteles, con tazas humeantes de café y frente a diplomáticos de carrera que fungían como jueces y asesores entre las argumentaciones de las fuerzas guerrilleras, las Fuerzas Armadas y el Gobierno civil.
Emboscada
Los servicios de inteligencia habían detectado en la zona, grupos pequeños de guerrilleros y en días recientes, durante un bombardeo de rutina, la fuerza aérea había perdido un avión, roqueteado por unos SAM 7, misiles de gran precisión. La misión consistía en recuperar esos pertrechos.

Poco acostumbrado a movilización de unidades pequeñas y desprovisto del camuflaje necesario, pues el uniforme del batallón, era poco idóneo para estás acciones, avanzaron hacia un cerro conocido como “la Montañona”, al norte del país.
Pensando en un retiro honroso, había valido la pena tanto trabajo y esfuerzo, durante 25 años de servicio militar, ya el fondo de pensiones le calculó su remuneraciòn mensual y pensaba que le iba a alcanzar para una vida sin tantas limitaciones como las tuvo durante su infancia-adolecencia. Vaya!, era un triunfador.
De repente, la unidad fue emboscada y toda su tropa en un abrir y cerrar de ojos quedó postrada y maltrecha, un silencio invadió la escena, hasta que parte de las fuerza guerrillera empezaron a registrar a los sobrevivientes.
Es teniente, tiene dos barritas!!, gritó uno de los combatientes, a lo que salgado respondió:

- NO!!, él me las puso para confundirlos por si nos capturaban, señalando al cuerpo de su radio operador que inmóvil, con sus entrañas esparcidas alrededor y con los ojos abiertos tendido a la par adornaba la escena.
- Por favor!, no me matès, tengo hijos…

El comandante, un joven de apellido Salcedo, que pasó en la guerra durante la mayor parte de su juventud, sin asomo de emoción, desenfundó su pistola y le acertó un tiro en la frente a CHICO, cumpliendo su misión: sin prisioneros.

Por algún misterioso recoveco de su cerebro, y en un instante recordó la cara de su primo Paquito, cuando se lo llevaron a sentar a una piedra, diez años atrás, siendo él un cipote. Sin percatarse que con su acto, se cumplió un ciclo de venganzas en el éter de la vida y la muerte, en los cuales sus diminutas y cortas existencias habían servido para equilibrar infinitos y misteriosos desbalances.

viernes, 10 de junio de 2011

Despues del decreto 743



Bueno, ahora ya se demostró que las cosas sensatas y justas, tienen una resonancia en el colectivo civil muy importante.

Y de aqui en adelante, deberán pensar bien sus movimientos aquellos a quienes se les ha concedido el manejo de la cosa pública y que viven de nuestros impuestos, cosa que muy frecuente olvidan.

El siguiente paso es promover y apoyar las listas abiertas, hay que votar por las personas, empujar eso, luchar por eso.

Este fenómeno dará más transparencia y democracia al sistema político. Solo aquello que tienen miedo, se oponen, aquellos verticalistas que evaden confrontar con el pueblo, que sus acciones están marcadas por la intolerancia y falta de transparencia.

Ya nadie, que presuma de inteligente, puede dejar de lado la importancia y poder que tienen las redes sociales, ya se camino bastante y obviar, menospreciar o minimizar su valor, le puede costar caro a cualquier dirigencia partidaria.

Tienen que acoplar sus tácticas a fin que se incorporen novedosas formas de comunicación basadas en el criterio certero, veridico y planteamientos que respondan a la logica política y el bien común, es decir de las mayorías oprimidas por el sistema.

El pensamiento liberal, debe renovarse si quiere penetrar en el colectivo ciudadano, ya no bastan imagenes y cancioncitas.

viernes, 27 de mayo de 2011

LA ENCRUCIJADA MARCIANA DEL 2012




Como decia aquel > hay que sobarle el lomo a la bestia. Pero estos no solamente lo soban, sino que lo cuidan, lo airean, lo alimentan, lo besan,lo masturban.

Los generadores de opinion y los ciudadanos conscientes y sensatos estamos en una encrucijada.

Si votamos a la izquierda apoyamos a los acomidaticios y aprovechados, los que han vendido los principios.

Si NO votamos, la composicion de la asamblea quedará en manos de la derecha y sus comparsas y retrocederemos años en la construccion de la institucionalidad.

Y si votamos a derecha, no vamos a poder ver de frente a nuestros hijos, pues representan la marginación, la miseria, la intolerancia, la injusticia.


No me pasa que todo el esfuerzo que se ha hecho, de tanta gente humilde, que con gran empeño, disciplina, amor y esperanza de un mundo mejor, se tire por el inodoro.

Tampoco que se negocie con el partido que significó muerte, asesinatos, secuestros de los mejores hijos de la nación, con su tristemente célebre ORDEN. Y ahora hasta se rumora que han pactado para que no desaparezcan, VIOLENTANDO la decisión del pueblo.

Necesitamos ver una luz, un cambio, comunicar, hablar con la gente, hay confusión.
l

domingo, 22 de mayo de 2011

Ya se oye, el mundo cambiará, tolerancia.....



Parece difícil algo tan elemental, tan simple, tan lógico.

Ya salieron del closet los comunistas, los gays, las lesbianas, los transvestis, costo añales que la sociedad a pesar de todo, se acomodara a estas personas con diferencias y que la mayoria no soportaba. La sociedad había hecho de su existencia un tabú, una verguenza y la cadena de sufrimiento y humillaciones al fin de está disipando.

Se estan dando en el mundo legislaciones y normas de convivencia con ellos, sin que se produzcan grandes revoluciones o por lo menos que no se puedan controlar.

Pero los ateos y agnosticos no se declaran abiertamente, tienen temor, disfrazan sus convicciones.- Muchas debidamente respetables, sustentadas y constituidas-

Por que?

Por que temer que alguien no conciba la existencia de alguien omniciente, omnipresente y onmnipresente.

Porque no tener una actitud desafiante hacia las fábulas del libro de los hebreos que lo consideran la palabra de dios, hay tanta contradicción que no resiste ni una discusióin seria. Lean esta joyita:

"La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia."
- 1 Timoteo 2: 11-15.


Ya salgan del closet!!

Somos más libres, mas tolerantes, mas humanos y quizas hasta más buenos.... adelante.

Creame el mundo cambiará a mejor, menos hipocresía, mas amor, más armonia, más tolerancia, más justicia, más libertad, si constituimos mayorias.


Bien, entonces los ateos son personas que carecen de una creencia en uno o varios dioses. ¿Qué significa esto? Bueno, significa que los ateos han adoptado tal postura porque se dan cuenta de que la carga de la prueba acerca de si algo es lógicamente cierto siempre descansa sobre los hombros de la persona que lo afirma como cierto.
De modo que el teísta que afirma que Dios existe está obligado a demostrar esa postura. Esto se hace ofreciendo "pruebas" físicas o lógicas y tratando de llegar a una conclusión lógicamente convincente.
Cuando el ateo le pide al teísta que presente su evidencia, la evidencia es insuficiente para concluir que existe un dios, sin importar cómo se defina "dios".





Respeto, respeto, respeto

El asunto de la fé, debe respetarse y así mismo exijir respeto por los que no la poseen en los términos religiosos o filosóficos.

Así mismo, las expresiones culturales, producto de prácticas religiosas, las costumbres sociales, ancestrales de las sociedades forman parte del patrimonio cultural de los pueblos y nunca deben menospreciarse.

miércoles, 4 de mayo de 2011

SI BIn LADEN FUERA GUANACO…..




1) Hubiera presentado un amparo y la derecha le hubiera nombrado VIVO POR DECRETO, firmando hojas en blanco.

2) Las patas estarían regadas en las quebradas del tomayate y la cabeza en el parque Libertad.

3) El ministro de Economía estaría diciendo que el subsidio no alcanza, el alza de la luz, la gasolina, por culpa de él.

4) El ministro de agricultura anunciaría la llegada del frijol Laden-beans

5) La patty ya estaría vendiendo la pupusa bin-laden, con frijoles blancos sin ajo, para que exploten.

6) El gordo Cazerés lo acusaría de Elusión, evasión y tentación de impuestos y mandaría a Puntual.

7) La maras 18 y Ms se lo pelearían en nombrarlo cabecilla. EL VIEJO LIN, Seria EL VIEJO BIN

8) Le adjudicarían la propiedad de los barriles con pisto.

9) Según el ministro de seguridad anunciaría “después de arduo trabajo de inteligencia policial…….., fué ….bla,bla, bla..”

10) Tendría el destino del chele papaya que nunca lo encontraron.

11) Su muerte la resolvería el fiscal igual de rápido que la del chele torres.

12) Tuviera plaza de asesor en la asamblea

13) Tacuazín ya hubiera bautizado con su nombre otro pedacito chuco y olvidado de san sivar.

14) El secre de información declararía que su muerte no ha sido mucha sino suficiente, la necesaria.

15) Uno que lo mató diría que fue un proceso político y el otro que fue un error de juventud.

16) El día de su muerte hubiera habido paro de buses y huelga en medicina legal.

17)La majada le hubiera apodado “cohetillo”, “pepa”, “ojos de machape”, o “cherenqueque”

18) En lugar de esconde el anillo, los cipotes jugarían “ esconde bin laden..”

19) Los burro-cratas estaría haciendo puente para descansar el dia de su petatiada.

20) Lo hubieran detectado por el olor a pollo campero.

21) Tuviera un chero que le prestara un avion y 3 milloncitos

22) Viviera todavía en la tutu, donde nunca llega la cuilia.

23) King -flip le hubiera compuesto una canción cuya letra sería de las únicas 4 palabras que conoce.

24) Moises urbina hubiera pronosticado un psunami para el día de su muerte y hubiera habido sequía en todo el país.



Finalmente, si fuera guanaco bin laden fuera testigo criteriado y estaria en arresto domiciliario a todo dar....

sábado, 23 de abril de 2011

El caca móbil



Todo sirve, hasta aquello que nadie se imaginaría tuviera la menor utilidad.

Tal vez el mejor ejemplo es el combustible que utiliza el Bio-Bug, un Volkswagen Beetle rediseñado por ingenieros británicos.

Y se comprueba que la historia y la ciencia puede cambiar los paradigmas, se recuerda aquella frase atribuida a Fidel o a García Márquez "SI LA MIERDA VALIERA ALGO LOS POBRES TENDRÍAN SOLDADO EL CULO".

Pues, no ha sido así, ya que los flemáticos ingleses, probablemente por su dieta rica en tubérculos y wiskeys, han descubierto la posibilidad de generar energía a partir de los "desechos solidos humanos", es decir, el pupu.

Este automóvil es el primero que funciona con gas metano, un hidrocarburo generado por excrementos y otros desperdicios orgánicos.

Con tanque lleno, el BioBug puede andar hasta 400 kilómetros.

Puede correr a más de 180 kph.

La compañía que desarrolló este vehículo, GENeco, cuenta con una planta que produce 18 mil metros cúbicos de biogás al año, combustible que sólo utilizaba para generar electricidad. Hasta que se les ocurrió crear el Bio-Bug.


Quienes han visto el prototipo en acción, aseguran que pese a que la materia prima de su combustible son las heces y otros desechos, por el tubo de escape no despide ningún olor desagradable.

Me parece que sería una primera medida para cambiar nuestra matriz energética y no depender tanto del petróleo.



Adicionalmente con tanto desempleo podriamos tener fábricas de producción de mierda en cantidades industriales, y contratar a personal que con una dieta basada en frijoles blancos sin ajo y ensaladas de repollo y coliflor podrían dar buenos resultados.Una de las ventajas de este empleo es que no habria ningun tipo de discriminación, sería como el carnaval de San Miguel, que aplicarían el pobre, el rico, el feo, el bello, el viejo y el joven, el chele y el prieto.

Podríamos procesar y maquilar, sobre todo de personas con una calidad de primera, se podrían crear empleos de rutas de recolección a manera de las que ha organizado el Tacuazin peinado, en vehiculos especiales, para recolectar el material exquisito y de primera calidad, allí por el centro de gobierno.




Vamos Gabinete económico, inmortalizence!!!


Ya se imaginan las protestas del sindicato "No cagamos y punto", "estriñimiento o muerte!!"

Las planillas de pago, tanto por libra de caca, incentivos a la produccion adicional, premio como el mejor cagador del mes.

Sería un poco problemático si se creara un ministerio, pues al funcionario se le llamaría oficialmente, "Ministro de mierda", sin querer ofenderlo.

Podríamos hasta tener un talk-show de musica interpretada por expulsiones de gas metano, quien sabe podriamos tener un inedito chaikosky o por lo menos un king flip.

Se por experiencia auditiva que el país tiene una predisposición, pues sus habitantes han sido famosos por sacar musica con olor, fueron tradicionales los mano a mano (o culo a culo??) que se realizaban el las tuzadas del Tropicana los lunes de 1 a 6 PM.

Verdaderamente creo que como nación tenemos futuro en este temas, sobretodo cuando leemos nuestra historia, tan lleno de personajes con mierda en la cabeza y principalmente algunos contemporáneos que solo eso hablan.

jueves, 14 de abril de 2011

Lecturas para semana santa.

María Magdalena o la salvación




por Marguerite Yourcenar*

Me llamo María: me llaman Magdalena. Magdala es el nombre de mi pueblo: es la pequeña comarca donde mi madre poseía unos campos, donde mi padre poseía unas viñas. Nací en Magdala.
A mediodía, mi hermana Marta repartía jarras de cerveza a los obreros, en la granja; yo me llegaba a ellos con las manos vacías; bebían mi sonrisa a lengüetazos; sus miradas me palpaban como si yo fuera una fruta ya casi madura, cuyo sabor depende de un poco más de sol.
Mis ojos eran dos fieras atrapadas en la red de mis pestañas; mi boca casi negra, una sanguijuela hinchada de sangre.
El palomar rebosaba de palomas; el arca, de panes; el cofre, de monedas con la efigie del César. Marta se estropeaba la vista marcando mi ajuar con las iniciales de Juan.
La madre de Juan tenía pesquerías; el padre de Juan tenía viñas. Juan y yo, sentados el día de la boda bajo la higuera de la fuente, sentíamos ya sobre nosotros el intolerable peso de setenta años de felicidad.
La misma música de baile se tocaría en las bodas de nuestras hijas; yo me sentía ya llena de los hijos que ellas iban a tener.
Juan llegaba hacia mí desde el fondo de su infancia; sonreía a los ángeles como los niños, a los ángeles que eran sus únicos compañeros; yo había rechazado, por amor a él, los ofrecimientos del centurión romano.
Juan huía de la taberna donde las prostitutas se agitan como víboras al son excitante de una flauta triste; apartaba la vista para no ver el rostro redondo de las criadas de la granja.
Amar su inocencia fue mi primer pecado.
No sabía yo que estaba luchando contra un rival invisible, lo mismo que nuestro padre Jacob contra el ángel, ni que la apuesta del combate era aquel muchacho de cabellos desordenados, coronados de briznas de paja y que esbozaban una especie de aureola.



Yo no sabía que otro había amado a Juan antes de que yo lo amara, antes de que él me amara a mí; yo no sabía que Dios era el remedio que buscan los solitarios.

Presidía yo el banquete de bodas en el cuarto de las mujeres; las matronas me susurraban al oído consejos de alcahuetas y recetas de cortesanas; la flauta gritaba como una virgen; los tambores resonaban como corazones; las mujeres se revolcaban en la sombra, paquetes de velos, racimos de senos, y me envidiaban con voz pastosa la violenta felicidad de recibir al Esposo.
Los corderos que estaban degollando en el patio chillaban como los inocentes entre las manos de los carniceros de Herodes; no pude oír, a lo lejos, el balido del Cordero ladrón. Los humos de la noche lo emborronaron todo en la habitación de arriba; el día gris perdió el sentido de las formas y colores de las cosas: no reparé en el blanco vagabundo -sentado entre los parientes pobres, en el extremo más alejado de la mesa de los hombres- que comunicaba a los jóvenes, sólo con tocarlos o con darles un beso, la horrible especie de lepra que les obliga a apartarse de todo.

Yo no adivinaba la presencia del Seductor que hace parecer la renuncia tan dulce como el pecado.
Cerraron las puertas, quemaron perfumes para alejar a los diablos y nos dejaron solos.
Al levantar los ojos, advertí que Juan no había hecho sino atravesar su fiesta de bodas como si fuera una plaza llena de gente con motivo de alguna fiesta pública.

Temblaba sólo de dolor; estaba pálido, pero de vergüenza; sólo temía un desfallecimiento del alma que lo dejara impotente para poseer a Dios. Yo era incapaz de distinguir en el rostro de Juan la mueca del asco de la del deseo: era virgen y, además, toda mujer que ama es una pobre inocente.
Comprendí más tarde que yo representaba para él la peor de las culpas carnales, el pecado legítimo, aprobado por la costumbre, tanto más vil cuanto que está permitido revolcarse en él sin rubor, tanto más de temer cuanto que no trae consigo la condenación.

Había elegido en mí a la más escondida de las muchachas a quien él pudiera cortejar con la secreta esperanza de no obtenerla nunca; yo justificaba su repugnancia hacia otras presas más accesibles; sentada en aquella cama, ya no era más que una mujer fácil.
La imposibilidad en que se encontraba de amarme creaba entre nosotros una similitud más fuerte que esos contrastes del sexo que sirven, entre dos seres humanos, para destruir la confianza, para justificar el amor: ambos deseábamos ceder a una voluntad más fuerte que la nuestra, entregarnos, ser cogidos, y salíamos al paso de todos los dolores para dar a luz una nueva vida. Aquella alma de largos cabellos corría hacia un Esposo.
Apoyaba la frente en el cristal cada vez más empañado por su aliento; los ojos cansados de las estrellas ya ni siquiera nos espiaban; una sirvienta al acecho al otro lado de la puerta tomaba quizá mis sollozos por exclamaciones de amor.

Se alzó en la noche una voz llamando a Juan por tres veces, como sucede en las casas en donde alguien va a morir: Juan abrió la ventana, se asomó para medir la profundidad de la sombra y vio a Dios.
Yo no vi más que las sábanas de la cama y las ató para hacer con ellas una cuerda; moscas de fuego palpitaban en la tierra como si fueran astros, así que él parecía sumergirse en el cielo.
Perdí de vista a aquel tránsfuga incapaz de preferir una mujer al pecho de Dios.

Abrí prudentemente la puerta de mi habitación, en donde nada había sucedido a no ser una huida.
Salté por encima de los convidados, que roncaban en el vestíbulo y cogí de la percha el capuchón de Lázaro.
La noche era demasiado oscura para ver en el suelo las huellas de las plantas divinas; las piedras en las que tropezaba no eran de aquellas que yo saltaba a la pata coja al salir del colegio; percibía las casas por primera vez, como las ven desde fuera los que no tienen hogar.

Por los rincones de las callejuelas de mala fama, tornaban a rezumar los consejos en las bocas desdentadas de las alcahuetas; había vomitonas de borrachos bajo los arcos del mercado que me recordaron los charcos de vino del festín de bodas. Para escapar de la ronda, corrí a lo largo de las galerías de madera de la posada, hasta llegar al cuarto del teniente romano.
Aquel bruto me abrió, borracho aún de las libaciones en mi honor a la mesa de Lázaro; sin duda me tomó por una de las rameras con quien solía acostarse. Mantuve la cara tapada con el capuchón de Lázaro; la cosa fue más fácil cuando se trató de mi cuerpo.
Cuando él me reconoció, yo ya era María Magdalena. Le oculté que Juan me había abandonado en mi noche de bodas por miedo a que se creyera obligado a verter, en el vino de su deseo, el agua insípida de su compasión.

Le dejé creer que yo prefería sus brazos velludos a las manos largas y siempre juntas de mi pálido novio: le guardé el secreto a Juan de su fuga con Dios.

Los niños del pueblo descubrieron dónde me encontraba y me tiraron piedras. Lázaro mandó limpiar el estanque del molino, creyendo encontrar allí el cadáver de Juan; Marta agachaba la cabeza al pasar por delante de la posada; la madre de Juan vino a pedirme cuentas del pretendido suicidio de su hijo único; yo no me defendí: me parecía menos humillante dejarles creer a todos que el desaparecido me había amado locamente.

Al mes siguiente, Marius recibió órdenes de reunirse, en Gaza, con la segunda división de Palestina; no pude encontrar el dinero necesario para adquirir en el carro uno de esos puestos de tercera clase reservados desde siempre a los profetas, a los miserables, a los soldados con permiso y a los Mesías.

EI posadero me contrató para limpiar los vasos: aprendí de mi patrón la cocina del deseo. Era muy dulce para mí saber que la mujer despreciada por Juan caía sin transición al último puesto de las criaturas: cada golpe, cada beso me modelaban un rostro, unos pechos, un cuerpo diferente del que mi amigo no había acariciado.

Un camellero beduino consintió en llevarme a Jaffa mediante el pago en abrazos; un marino marsellés me tomó a bordo de su barco: yo iba acostada en la popa y me contagiaba del cálido temblor del mar lleno de espuma.

En un bar del Pireo, un filósofo griego me enseñó la sabiduría como si fuera un desenfreno más.
En Esmirna, las larguezas de un banquero me enseñaron la dulzura que el chancro de la ostra y las pieles de los animales feroces añaden a la piel de una mujer desnuda, de suerte que fui envidiada, además de deseada.

En Jerusalén, un fariseo me enseño a hacer uso de la hipocresía como si fuera un colorete inalterable.
En un tugurio de Cesarea, un paralítico ya curado me habló de Dios.

Pese a las súplicas de los ángeles, que sin duda se esforzaban por devolverlo al cielo, Dios continuaba errando de pueblo en pueblo, mofándose de los sacerdotes, insultando a los ricos, dividiendo a las familias, disculpando a la mujer adúltera, ejerciendo por todas partes su escandaloso oficio de Mesías.

Hasta la eternidad tiene su hora de moda: uno de aquellos martes en que sólo invitaba a gente célebre, Simón el fariseo tuvo la ocurrencia de rogar la asistencia de Dios. Yo había rodado tanto con la intención de darle, a aquel terrible Amigo, una rival menos ingenua. Seducir a Dios era quitarle a Juan su porte de eternidad, era obligarlo a recaer sobre mí con todo el peso de su carne. Pecamos porque Dios no está: como nada perfecto se presenta a nosotros, nos resarcimos con las criaturas. Cuando Juan comprendiese que Dios sólo era un hombre, ya no habría ninguna razón para que no prefiriese mis senos.
Me atavié como para ir al baile; me perfumé como para meterme en una cama. Mi entrada en la sala del banquete hizo que se parasen las mandíbulas; los Apóstoles se levantaron con gran tumulto, por miedo a verse infectados con el roce de mis faldas: a los ojos de aquellas gentes yo era tan impura como si estuviera continuamente sangrando.
Tan sólo Dios permanecía sentado en la banqueta de cuero: instintivamente reconocí aquellos pies desgastados de tanto andar por todos los caminos de nuestro infierno, aquellos cabellos llenos de piojos de astros, aquellos grandes ojos puros como únicos pedazos que de su cielo le quedaban… Era feo como el dolor; estaba sucio como el pecado. Caí de rodillas, tragándome mi salivazo, incapaz de añadir el sarcasmo al horrible peso del desamparo de Dios. Me di cuenta en seguida de que no podría seducirlo, pues no huía de mí.
Deshice mis cabellos como para tapar mejor la desnudez de mi culpa; vacié ante él el frasco de mis recuerdos. Comprendía que aquel Dios fuera de la ley debía haberse deslizado una mañana fuera de las puertas del alba, dejando tras de sí a las personas de la Trinidad, sorprendidas de no ser más que dos. Se había alojado en la posada de los días; se había prodigado a innumerables transeúntes que le negaban su alma, mas reclamaban de él todas las tangibles alegrías. Había soportado la compañía de bandidos, el contacto de leprosos, la insolencia de los policías: consentía igual que yo en pertenecer a todos, espantoso destino… Puso sobre mi cabeza su ancha mano de cadáver, que parecía hallarse ya sin sangre.
No hacemos más que cambiar de esclavitud: en el momento preciso en que me abandonaron los demonios, me convertí en posesa de Dios. Juan se borró de mi vida, como si el Evangelista no hubiera sido para mí sino el Precursor: frente a la Pasión, me olvidé del amor.

He aceptado la pureza como la peor de las perversiones: he pasado noches en blanco, tiritando de rocío y de lágrimas, tumbada en el campo en medio de los Apóstoles, como un montón de corderos enamorados del Pastor.
He envidiado a los muertos sobre los que se acuestan los Profetas para resucitarlos. Ayudé al divino curandero en sus curas maravillosas: froté con barro los ojos de los ciegos de nacimiento. Dejé que Marta trabajase en mi lugar el día de la comida de Betania, por miedo a que Juan se sentara al lado de las rodillas celestiales, en el taburete que yo habría dajado. Fueron mis lágrimas y mis gritos los que obtuvieron del dulce taumaturgo el segundo nacimiento de Lázaro: aquel muerto envuelto en vendas que daba sus primeros pasos en el umbral de la tumba era casi nuestro hijo. Le busqué discípulos, mojé mis manos pálidas con el agua de fregar de la Santa Cena; me mantuve al acecho en el «square» de los Olivos, mientras se daba el golpe de la Redención. Tanto lo quise que dejé de compadecerlo: mi amor se cuidaba de agravar ese desamparo, lo único que lo convertía en Dios.

Para no arruinar su carrera de Salvador, consentí en verlo morir, a la manera de una amante, que consiente en que su amado haga un brillante matrimonio.

En la sala de los pasos perdidos, cuando Pilatos nos dio a elegir entre un facineroso y Dios, grité como los demás que soltaran a Barrabás. Le vi acostarse en el lecho vertical de sus nupcias eternas; asistí al momento horrible en que lo ataban con cuerdas, al beso que dio a la esponja aún empapada de un amargor marino, a la lanzada del soldado que se esforzaba por perforar el corazón del divino vampiro, con miedo de que tornara a levantarse para chupar el porvenir. Sentí estremecerse sobre mi frente aquella dulce ave de rapiña clavada en la puerta de los Tiempos. Un viento de muerte horadaba los cielos, desgarrándolos como si fueran un velo; el mundo se vencía del lado de la noche, arrastrado por el peso de la cruz.

El pálido capitán colgaba de las vergas del Tres-Mástiles, sumergido por la Culpa: el hijo del carpintero expiaba los errores que su Padre eterno había cometido en sus cálculos. Yo sabía que nada bueno podría nacer de su suplicio: el único resultado de aquella ejecución iba a ser mostrar a los hombres que es fácil deshacerse de Dios.

El Divino sentenciado a muerte sólo dejaba caer al suelo inútiles semillas de sangre. Los dados trucados del Azar saltaban inútilmente en manos de los centinelas; los harapos de la Túnica infinita no le servían a nadie para hacerse un traje. En vano vertí a sus pies la ola oxigenada de mi cabellera; en vano intenté consolar a la única Madre que ha concebido a Dios.

Mis gritos de mujer y de perra no llegaban hasta mi dueño muerto.

Los ladrones, al menos, compartían su misma pena: al pie de aquel eje por donde pasaba todo el dolor del mundo, yo no hacía sino estorbar su diálogo con Dimas. Levantaron escaleras, halaron cuerdas. Dios se desprendió, como un fruto maduro, dispuesto ya a pudrirse en la tierra del sepulcro.
Por vez primera, su cabeza inerte descansó en mi hombro, el jugo de su corazón nos ponía las manos pegajosas, como en época de vendimias. José de Arimatea iba delante de nosotros con un farol; Juan y yo nos doblábamos bajo el peso de aquel cuerpo más pesado que el hombre; unos soldados nos ayudaron a colocar una piedra de molino tapando la entrada del sepulcro.
No regresamos a la ciudad hasta que llegó el frío del sol crepuscular. Volvimos a encontrarnos, no sin estupor, con tiendas y teatros, con la insolencia de los taberneros, con los diarios de la tarde cuya página de sucesos llenaba la Pasión.
Pasé la noche escogiendo mis mejores sábanas de cortesana; al llegar la mañana envié a Marta a comprar todos los perfumes que encontrase al mejor precio. Cantaban los gallos, como si quisieran refrescar el arrepentimiento de Pedro: asombrada de que llegara el día, me metí por un camino de los arrabales bordeado de manzanos que recordaban la culpa y de viñas que recordaban la Redención. Guiada por un recuerdo, ángel incorruptible, entré en aquella caverna horadada en lo más profundo de mí misma; me acerqué a aquel cuerpo como a mi propia tumba.
Yo había renunciado a toda esperanza de Pascua, a toda promesa de resurrección. No me di cuenta de que la piedra del lagar se hallaba tajada en toda su longitud a consecuencia de alguna fermentación divina; Dios se había levantado de la muerte como de un lecho de insomnio: de la tumba deshecha colgaban las sábanas mendigadas al jardinero.
Era la segunda vez en mi vida que yo me hallaba ante una cama donde dormía un ausente. Los granos de incienso rodaron por el suelo del sepulcro y cayeron al fondo de la noche.
Las paredes me devolvieron mi aullido de vampiro insatisfecho; al salirme fuera de mí, me di en la frente con la piedra del dintel. La nieve de los narcisos permanecía virgen de toda huella humana: los que acababan de robar a Dios caminaban por el cielo.

El jardinero, encorvado hacia el suelo, escardaba un macizo de flores: levantó la cabeza bajo el sombrero de paja que formaba como una aureola de sol y de verano; caí de rodillas, llena del dulce temblor de las mujeres enamoradas que creen sentir cómo se derrama por todo su cuerpo la sustancia de su corazón.
El llevaba al hombro el rastrillo que utiliza para borrar nuestras culpas; en la mano, el ovillo y las tijeras de podar que las Parcas confían a su hermano eterno.

Quizá se preparase a bajar a los Infiernos por el camino de las raíces.

Conocía el secreto del remordimiento de las ortigas, de la agonía de la lombriz de tierra. La palidez de la muerte permanecía en él, de suerte que parecía haberse disfrazado de lirio.

Yo adivinaba que su primer ademán sería para apartar a la pecadora contaminada por el deseo. Me sentía babosa en aquel universo de flores.

El aire era tan fresco que las palmas de mis manos tuvieron la sensación de apoyarse en un espejo: mi maestro muerto había pasado al otro lado del espejo del Tiempo. Mi aliento enturbió la gran imagen: Dios se borró, igual que un reflejo sobre el cristal de la mañana. Mi cuerpo opaco no era un obstáculo para aquel Resucitado. Se oyó un crujido, puede que en el fondo de mí misma; caí con los brazos en cruz, arrastrada por el peso de mi corazón: no había nada detrás del espejo que yo acababa de romper. Me encontraba de nuevo más vacía que una viuda, más sola que una mujer abandonada. Por fin conocía toda la atrocidad de Dios. Dios me había robado no sólo el amor de una criatura, a la edad en que uno se figura que son insustituibles, Dios me había robado además mis náuseas de embarazada, mis sueños de recién parida, mis siestas de anciana en la plaza del pueblo, la tumba cavada al fondo del cercado en donde mis hijos me hubieran enterrado. Después de robarme mi inocencia, Dios me robaba mis culpas: cuando apenas empezaba a medrar en mi oficio de cortesana, me quitaba la posibilidad de seducir al César o de subir a las tablas. Después de su cadáver, me quitaba su fantasma: ni siquiera quiso que yo me embriagara con un sueño. Como el peor de los celosos, ha destruido esa belleza que me exponía a recaer en las camas del deseo: me cuelgan los pechos, me parezco a la Muerte, a esa vieja amante de Dios. Como el peor de los maníacos, sólo amó mis lágrimas. Pero ese Dios que todo me lo quitó no me lo ha dado todo.
No he recibido más que una migaja de su amor infinito: compartí su corazón con las criaturas como cualquier otra.

Mis amantes de antaño se acostaban sobre mi cuerpo sin preocuparse de mi alma: mi celeste amigo de corazón sólo se preocupó de calentar esa alma eterna, de suerte que una mitad de mi ser no ha dejado de sufrir.

Y, sin embargo, me ha salvado. Gracias a él no recibí de las alegrías sino su parte de dolor, la única inagotable.

Me escapo de las rutinas de la casa y de la cama, del peso muerto del dinero, del callejón sin salida que es el éxito, del contento que procuran los honores, de los encantos de la infamia. Puesto que aquel condenado al amor de Magdalena se ha evadido al cielo, evito el insípido error de serle necesaria a Dios.

Hice bien en dejarme llevar por la gran ola divina; no me arrepiento de haber sido rehecha por las manos del Señor.

No me ha salvado ni de la muerte, ni del mal, ni del crimen, pues gracias a ellos nos salvamos. Me ha salvado tan sólo de la felicidad.


*Extraído de Fuegos

Traducción: Emma Calatayud

Ilustración: retrato de María de Magdala atribuido a Leonardo da Vinci