En eso de tantas venturas y desventuras, actuando como Rata de ciudad, es decir ese animailito curioso, tìmido, acostumbrado a deambular por todos los inimaginables ambientes, alla por los finales de los 70 acostumbraba a aterrizar en un burdel llamado LA VILLA SISI, al final de boulevard - cerca de la fuerza aèrea-desviò a San Bartolo.
Este burdel se iniciò en una de las casa grandes camino a los Planes, de allì su nombre Villa, supongo o intuyo que el nombre SISI fuè por que en los 50-60 se puso muy de moda la película SISI Princesa, protagonizada por el monumental culo de Romy Schneider, segùn me cuenta un chero, en el 68 se trasladaron al boulevar en medio de un bacanal donde corrieron rìos caudalosos de cerveza y jodarria de todo tipo.
Al final de los 70, junto con otros tres o cuatro eran los lugares en San Salvador, en donde la clase media y a veces alta, llegaba a comprar servicios sexuales o a echarse las cervezas, pues allì se reservavan estrictamente el derecho de admisiòn, cuya membresìa se ganaba: si lo llevava un amigo conocido del lugar o que a juicio del taxista el cliente era merecedor de ese privilegio. A travès de una ventanilla le veìan la cara y se decidìa si podìa o no podìa entrar.
La matrona o madam era de unos cuarenta , blanca, delgada, esbelta, achinadita, el caràcter bastante serio de poco sonreir, llamada Ivon, decìan las muchachas que en sus buenos tiempos màs de un coronel o un Gerente de la zona puso en peligro su hogar constituìdo por seguir alocada y descaramente a ella que en ese tiempo era la màxima estrella de la Villa. Por ahora atendìa la caja y vigilaba que la clientela no se saliera del huacal, para lo cual siempre habìa un par de saca-bolos, uno, creo, era el mero-mero de ella.
El chino llegaba siempre encendido y a echarme las del estribo, era tan frecuente que mi presencia ya era cotidiana y me daba a la broma con todas las muchachas y compraba de vez en cuando sus favores, sin embargo parte de mi pila era enamorar a la Ivon, pues me daba morbo sus negativas a las cuales yo màs insistìa, a escondidas de mero-mero me correspondìa tìmidamente riendose en donde mostraba sus dientes separados y recordando segùn deduzco sus buenos tiempos, en que enjambres de clientes rondaban a su alrededor y los ponìa a comer maicito en sus manitas.
En eso de tanto joder a Ivon, para tanquilizarme, me ofreciò una muchacha recièn llegada, que trabajaba en los servicios de la cocina, al principio èsta se negaba a entrar al cuarto, pero despùes de varias solicitudes y peticiones, casi obligada, decidìò pasar a ejercer el oficio màs antiguo.
Esta muchacha, para decirlo en tèrminos etnogràficos “ladina”, de medio porte, chatita, tìmida, callada, acento campesino, angosta de caderas, pechos pronunciados, mas feyita que bonita.
Me paso al cuarto que tenìa asignado y procedimos a desvestirnos. El cuarto tenìa una pequeña cama y una hamaca donde estaba un pequeño (despuès supe que de dìas de nacido), ella temblaba y cuando se acostò notè que no tenìa bello pùbico, producto de su recièn pariamiento y corta edad, luego sus pezones derramaban calostro, puta!, a pesar de lo cabròn que puedo ser, era un gran huevo de conciencia. Me contò que el pequeño producto de un noviazgo casi infantil, que la habìan echado de la casa y que el trabajo que le ofrecieron a travès de una tìa era para trabajar en un restorant, que se querìa salir, pero no tenìa donde. Que era la primera vez que entraba con un cliente.
De allì me toco como Lorca: “no quiero decir por hombre las cosas que ella me dijo….” Y me hizo.
No supe su nombre, con el tiempo la volvì a ver usando un minivestido , rimel en exceso y bebiendo cerveza, ni me reconociò, despuès se convirtió en una de la mejores y solicitadas contorsionistas del lugar.

Espere en la misma serie : * EL DIA QUE PUYARON A LA KINKONA.
*DELEGACION DEL CARNAVALITO, EN LA VISITA INTIMA DEL PENAL DE SAN MIGUEL dedicadas al garrobo.
Un chiste nostàlgico : Dos amigos calenturientos se van a la 24 (24 avenida norte, San Salvador), a buscar putas, se pasean un rato, se tantean la bragueta, hacen su selecciòn y abordan a las muchachas con el tradicional ¿CUÁNTO?, obvio, ya se sabe que en la 24, todo vale un peso (un colòn), sin embargo en esta ocasiòn, una de ellas les hace la propuesta que: si le dan DOS pesos, les puede hacer lo ùltimo que se llama EL TELEFONO, el màs aventado acepta, el otro prefiere lo conocido y pasa con la puta tradicional, mientras, aquel entra con la oferente de la novedad.
Las casas en la 24 eran viejas y enrejadas, generalmente los zaguanes daban a un pasadizo que por medio de un cancel (estructura de madera forrada con portadas de revista dominical), se dividìa en dos cuartos en cada uno estaba una cama de pita, siempre, habìa que revisar debajo de ella, a ver si no estaba escondido el chivo. (hallazgo muy frecuente segùn contaba Paco Coyol), de manera que A se fuè a acostar en uno de los cuartos y a la par estaba B el màs aventado.
El cipote mas tranquilo practicaba el tradicional POLVO DE INDIO, cuando oyò en el otro cuarto un grito espeluznante, que lo asustò y pensò que habìan matado a su chero …presto suspendiò su tarea y se encaramò en la cama sobre el cancel para dar cuenta de su chero, y viò que estaba deleitàndose con un sexo oral de pelìcula que le propinaba la puta la cual imitaba hablar con micròfono, se bajo y reinicio su labor cuando de nuevo un grito ensordecedor lo sorprendiò y se volviò a subir a la cama y de nuevo viò a su chero hasta dormido de la gran mamada, se baja de nuevo y de nuevo el grito, entonces dudoso decide quedarse viendo sobre el cancel y descubriò para su sorpresa que la puta despues de cierto nùmero de embutidas guturales le agarraba los huevos y se los ponìa como auriculares que era cuando el chero pegaba los alaridos y que ese era el famoso TELEFONO.