jueves, 23 de marzo de 2017

Un santo en la aldea


Sorprende toda la fanfarria por la próxima santidad oficial de Romero, Se están gastando sendos dólares en adornos, viajes, documentales, postales, avisos, etc. 

El Papa Francisco, ya casi listo, para asentar en el libro de los santos a Oscar Arnulfo, originario de Ciudad Barrios, el milagro necesario para su canonización ha sido comprobado.

Alguna parte del pueblo que profesa el catolicismo y otras denominaciones cristianas, están muy alegres y optimistas, el hecho es inédito en el país.

Otros actores están sacando “raja” de dicho acontecimiento, haciendo suyos los mensajes y exhortaciones que dejó en vida tan distinguido personaje, siguiendo la línea de la polarización y usando como alfil de ataque al beato, en su nefasto juego de ajedrez político.

¿Qué pensaría Romero, si estuviera con vida?

A propósito, demos gracias a nuestro insigne, recordado y amado por muchos mi mayor Roberto Davisson, sin él, no sería posible gozar de esta reverenda bendición, que una tierra bendita y chiquita como la nuestra se convierta en la cuna de un santo vaticano.  Ya que según indicios judiciales, investigaciones independientes y otras suposiciones, la participación de mi mayor en llevar al mundo metafísico a Romero fue determinante.  

¿Y entonces?, empecemos por “los frutos los conoceréis”, que frutos, trajo el pase histórico de Romero por éstas tierras. 

Para los que nunca lo quisieron y hasta lo odiaron, ninguno, Romero es una figura incómoda, una piedra en el zapato, una arenilla en el ojo, minimizarlo es tarea de los medios de comunicación a su servicio, obviarlo ya no pueden, ridiculizarlo es contraproducente, así, guardan un discreto silencio y un mucho más discreto apoyo, los medios hacen alianzas publicitarias, el señor dinero no tiene dogma ni religión.

Para los seguidores y admiradores, un montón de palabras escritas para reflexionar, estudiar , reescribir, montar eventos, seminarios, simposios y concluir que este país está maldito, porque impera la intolerancia, la injusticia, la marginación para la mayoría, donde la denuncia nunca ha sido tomada en cuenta.

Para los religiosos, una figura pintada, una imagen en barro, o cerámica, o camiseta, o taza, o en fibra de vidrio, donde ir a quemar unas candelas, darse golpes en el pecho, cada vez que se nos aflojen los deseos de vivir y perdamos día a día la esperanza.

Para los fanáticos y mantenidos profesionales, una fuente para estar “gritando en el desierto”, como Juan Bautista y tener excusa para no ir a trabajar, pasar manifestándose por cualquier motivo, padecer y ganarse la dura vida, sobreviviendo de la paupérrima ayuda de las ONGs. y  organismos internacionales.


Y qué decir de esa concurrida y sotanuda delegación en donde se pudo ver un obispo que recientemente abogaba por un dialogo con las pandillas, y que apologizando expresó que éstas no pueden sobrevivir sin la extorsión y otra autoridad eclesiástica que nunca mencionó a monseñor, hasta que fue inevitable su beatificación  y que además mandó a destruir la fachada de la catedral, llamada popularmente “la toallona”, bajo argumentos risibles.

La agencias de turismo, tienen un buen filón de negocios, las peregrinaciones no se harán esperar, vuelos chárter, hoteles, visitas guiadas, souvenirs, camisetas, darán que comer a muchos, Romero es un personaje universal.
 
 Y sin embargo……

Convertirá los corazones de aquellos que ayudaron a perpetua el sistema ignominioso, tara histórica de la nación, realizando matanzas entre la población civil, siguiendo consignas de exterminio masivo. Y que desde posiciones de autoridad obstaculizaron todo intento de democracia, justicia y equidad socio económica y que llevaron a la muerte a los mejores hijos de la patria.  

Moverá el alma de aquellos que malversaron el erario público, dejando sin servicios a la población, provocando más miseria, muerte y violencia. Y que mediante triquiñuelas legales pero no legítimas vendieron los activos del Estado.  

Cambiará los corazones de los que participaron en matanzas de soldaditos, los cuáles en su mayoría reclutados forzosamente, y que perecieron bajo sus balas.

 Ahora prominentes funcionarios públicos, ostentando el poder ejecutivo y parte de legislativo y que penosamente para los electores, viven opíparamente, gozando de los vinos y rosas del poder. 

Qué viajan en autos cómodos y modernos a costa del erario público, que gozan de seguros médicos exclusivos sin inmutarse de la calidad de salud del sistema público o que  mandan a sus hijos y parientes a estudiar al extranjero o en colegios exclusivos y que no dicen nada de las penurias de las escuelas públicas.  

O de aquellos, que desde la posición que les dio su puesto público, se metieron en negocios de dudosa legalidad y que ahora poseen grandes mansiones y propiedades,  sin inmutarse y haciendo caso omiso del asco y desagrado que generan sus declaraciones y sus actos.  

¿Es en realidad un triunfo del pueblo de Dios?

¿Podrá decir Romero, desde el cielo “misión cumplida”?






Basta de hipocresía. 

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